El municipio de Castro-Urdiales está ligado históricamente a la minería y
en su territorio subsisten diferentes vestigios desde la Edad Media, siendo
los más relevantes los vestigios mineros pertenecientes a las explotaciones
mineras de hierro desde finales del s. XIX hasta mediados del s. XX, la mayor
parte vinculados a las minas de Dícido y de Setares, así como a los sistemas
de transporte y carga de las minas del Covarón y Alén en Vizcaya. Los vestigios mineros componen un paisaje cultural que se extiende principalmente
en la zona oriental del municipio, desde el casco urbano de Castro hasta
Santullán, Lusa, Mioño, Otañes, Sámano, Ontón y Baltezana.
La mayor parte de estos vestigios pueden recorrerse y observarse desde
las vías verdes, y algunos están muy presentes en el mismo casco urbano
de Castro: el ferrocarril Castro-Traslaviña, el ferrocarril minero Castro Alén
(estos dos últimos inventariados por el Ministerio de Medio Ambiente como
itinerarios de Vías Verdes), y los trazados de ferrocarril minero vinculados a
los cargaderos de mineral de la costa oriental de Castro-Urdiales, entre Dícido y Baltezana y entre Ontón y el Covarón.Conforman estos yacimientos
un singular paisaje en el que se muestran además de las propias rutas, pilastras, viaductos, depósitos, lavaderos, tolveras, talleres, bocaminas, galerías,
yacimientos a cielo abierto, escoriales, cabezas de planos inclinados, etc.
Este impresionante conjunto de vestigios mineros representa una parte muy
significativa de la historia de Cantabria directamente unida al desarrollo industrial de Cantabria y el País Vasco, y de una notable importancia dentro de
la historia de la minería en España; representa, además, un ejemplo singular
de la ingeniería minera que ha dejado un paisaje en el que la reunión de la
acción del hombre y la naturaleza adquieren formas únicas en aquellas zonas en las que las explotaciones mineras o las infraestructuras de transporte
bordean los acantilados de esta parte de la costa Cantábrica.
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